Anoche nos volvieron a estrujar
el corazón. Anoche, el viejo continente volvió a ser escenario del pánico. Anoche,
en París la respiración se
entrecortaba con el terror pisándole los talones y los disparos rozándole la
piel. Cuando apenas han pasado dieciocho horas de los seis atentados coordinados en Francia, la cifra de muertos supera ya los 120 y la de heridos se eleva a 300.
Lamentablemente y con una mano en el corazón todos somos conscientes de que
estas cifras bailarán con el paso de las horas.
Anoche el Estado Islámico nos volvió a demostrar lo frágiles que somos y esta
mañana nos ponía a todos sobre aviso, “No viviréis en paz” – afirmaba el
portavoz del grupo DAESH que ha
reivindicado la masacre gala. El mensaje de los terroristas es claro y Europa no
puede ni debe quedarse solo con los hechos. Bien es cierto que en menos de un
año las calles de Francia han derramado sangre inocente por lo que ISIS considera “respuesta a la política internacional antiterrorista francesa”,
pero son muchas las ciudades y pueblos por las que cada día corren ríos de
sangre inocente en Turquía, Siria o El Líbano.
